El viaje a Bruselas me ha permitido darme cuenta que no hace falta trabajar en la UE (algo que cada día que pasa veo más complicado) para trabajar en algo relacionado con la UE, que al final es lo que me gusta. Evidentemente, las condiciones de trabajo que se ofrecen en las instituciones europeas son dificilmente mejorables en el sector privado no obstante el trabajo en sí puede ser incluso más interesante fuera de las instituciones y más próximo a la realidad también (al menos esa es la impresión que he tenido tras mi visita). En realidad, la mayor parte de la gente que trabaja en Bruselas en asuntos europeos trabaja en compañías u organizaciones privadas (lobbys, ongs, consultoras).
Por otra parte, he de decir que la ciudad en sí no me ha gustado nada. Tampoco he tenido mucho tiempo de recorrerla porque hemos estado de un lado para otro todo el tiempo pero lo que he visto no me ha llamado la atención en absoluto. Hay algunos edificios bonitos pero la encuentro totalmente impersonal, carente de identidad alguna y absolutamente artificial. El único aspecto que me ha gustado es que el ambiente es realmente cosmopolita pero no es un lugar en el que me gustaría vivir, al menos no durante mucho tiempo.
Como conclusión, tras esta semana en Bruselas tengo las cosas un poco más claras. Cuando acabe el master pienso aplicar para todo tipo de internships, por supuesto también en las instituciones pero no sólo allí y desde luego no sólo en Bruselas. Una de las cosas positivas con las que me quedo es que la mayor parte de la gente que ha hecho mi master está trabajando (que ya es mucho) y además lo hace en un contexto internacional, con unas condiciones de trabajo relativamente buenas (no lo digo respecto al salario, que lo desconozco, sino respecto al entorno laboral). Digamos que al menos el viaje me ha dado esperanza.
Por cierto, estaba deseando volver a Bremen. Aquí sí me siento como en casa.
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